El pago cómodo
La cuota no es el precio. La cuota es el plazo — y en un revolving, el plazo es exactamente lo que te están vendiendo.
Estás pagando. Son 1.500 €: un portátil, un sofá, el billete de ese viaje que ya has dicho en voz alta que vas a hacer.
Y entonces aparece la casilla. O págalo en cómodas cuotas de 40 € al mes.
Cuarenta euros es una cena. Cuarenta euros los tienes. Y lo que se te ocurre pensar en ese medio segundo es «esto lo puedo llevar», que es exactamente lo que la frase está diseñada para que pienses.
Fíjate en lo que no pone en ningún sitio: cuántos meses.
La cuota es el plazo disfrazado
En las tres piezas anteriores de esta web el plazo lo elegías tú. Movías el horizonte y el resultado se reordenaba delante de tus ojos.
Aquí no puedes. Aquí sólo eliges la cuota, y la cuota decide el plazo por ti. Es la misma matemática que en el coste de oportunidad, con el signo cambiado: el interés compuesto sigue funcionando igual de bien, sólo que ahora trabaja para el otro lado de la mesa.
Con esos 1.500 € a un 22 % de TAE y 40 € al mes:
Tardas 5 años.
Acabas pagando 2.378 €.
878 € son intereses — un 59 % más de lo que costaba.
El truco de los diez euros
Ahora prueba a bajar la cuota de 40 € a 30 €. Diez euros menos al mes, lo que cuesta un par de cafés a la semana. Una cuota todavía más cómoda.
Tardas 9,1 años y pagas 1.767 € de intereses.
Es decir: por pagar diez euros menos al mes, los intereses se duplican y acaban costando más que la cosa que compraste. Y eso no es una penalización escondida en la letra pequeña, es simple aritmética: cuanto menos pagas, más tiempo queda vivo el saldo, y el interés se cobra sobre el tiempo.
Por eso la cuota baja es el producto. No es una concesión que te hacen, es lo que están vendiendo.
El acantilado
Sigue bajando la cuota en el simulador y llegarás a un punto donde pasa algo que no es intuitivo: la deuda deja de bajar del todo.
Con 1.500 € al 22 %, ese punto está en 25,06 € al mes.
No es un número misterioso. Es lo que cuesta el interés del primer mes, y sale de una multiplicación: 1.500 € por el interés mensual. Si pagas menos que eso, lo que pagas no llega ni a cubrir los intereses de ese mes, el resto se suma al saldo, y al mes siguiente el saldo es mayor que al empezar.
Por debajo de esa cuota no hay plazo. No es que tardes mucho: es que no termina. Puedes estar pagando diez años y deber más que el primer día.
Ponle 20 € al mes en el simulador y míralo: a los diez años llevas pagados 2.400 € y todavía debes 3.411 €.
El cruce
Hay un momento concreto que merece la pena mirar en la gráfica, porque es el que mejor resume todo esto.
Con la cuota de 40 €, en el mes 38 —tres años y pico— ya has pagado 1.520 €. Ya has pagado el portátil entero.
Y todavía debes 716 €.
Has pagado el precio completo y sigues teniendo deuda.
Lo que queda no es el portátil. Es el tiempo que tardaste.
El simulador marca ese punto sobre la propia curva. Es donde las dos líneas se cruzan: lo que llevas pagado sube, lo que aún debes baja, y durante un buen rato las dos están por encima de cero a la vez.
Este número sí es real
Hay una diferencia importante entre esta pieza y las anteriores, y conviene decirla.
En el coste de oportunidad, en el ahorro y en las aportaciones, el porcentaje era un supuesto tuyo: nadie sabe qué va a rendir nada, y por eso te insistía en que cambiaras el número y te quedaras con la forma del resultado.
Aquí no. La TAE no es una previsión: está escrita en un contrato que ya existe. Es un número que puedes ir a mirar ahora mismo, en tu app o en tu último extracto, y ponerlo en el simulador. Es el único porcentaje de toda esta web que no es una hipótesis.
Míralo, por cierto. Mucha gente que tiene una tarjeta de este tipo no sabe cuál es su TAE, y es el dato que determina absolutamente todo lo demás.
Lo que esto no dice
No dice que financiar sea un error. A veces la lavadora se rompe en marzo y no hay más conversación.
No dice qué producto contratar ni cuál dejar, y no nombra ninguno.
Y sobre todo, no dice nada sobre ti si ya tienes uno de estos. Estos productos están diseñados por gente muy competente para que la cuota parezca la única variable, y funcionan. Enterarse tarde no es un defecto de carácter.
Lo que sí te da es el dato que la casilla del pago no te enseñaba: cuánto tiempo. Y con ese dato la pregunta cambia. Ya no es «¿puedo pagar 40 € al mes?», que casi siempre es que sí. Es «¿quiero seguir pagando esto en 2031?».
Ahora, con tus números
- Lo que compras y la cuota cómoda son los dos números que te enseñan al contratarlo.
- La TAE la sacas de tu contrato. Si no la encuentras, es el primer sitio donde mirar.
- Cuánto miras hacia delante es sólo hasta dónde llega la gráfica. Aquí el plazo no lo eliges: es el resultado.
Escenario con estos supuestos
2.378 €
Lo que acabas pagando en total
- Sólo en intereses
- 878 €
- Tardas
- 5 años
El precio de la etiqueta: el móvil, el sofá, el billete. Lo que financias de una vez.
Lo que pagas cada mes. Es el único número que te enseñan al contratarlo, y el que decide todo lo demás.
Aquí el plazo no lo eliges tú: lo decide la cuota. Esto sólo es hasta dónde llega la gráfica.
Arrastra sobre la gráfica, o usa las flechas del teclado, para leer año a año.
Ver los datos en una tabla
| Año | Lo que aún debes | Lo que llevas pagado |
|---|---|---|
| 0 | 1.500 € | 0 € |
| 1 | 1.303 € | 480 € |
| 2 | 1.063 € | 960 € |
| 3 | 771 € | 1.440 € |
| 4 | 414 € | 1.920 € |
| 5 | 0 € | 2.378 € |
| 6 | 0 € | 2.378 € |
| 7 | 0 € | 2.378 € |
| 8 | 0 € | 2.378 € |
| 9 | 0 € | 2.378 € |
| 10 | 0 € | 2.378 € |
El interés anual que cobra. No es un supuesto: está escrito en tu contrato, y suele estar entre el 18 % y el 27 %.
Aquí está todo lo que entra en el cálculo. No hay ninguna hipótesis escondida en el código: cualquiera de estos valores es tuyo y puedes cambiarlo.
Esto describe qué ocurre con los números que has puesto. No es una recomendación ni una previsión.
En las otras piezas de Tempo el tiempo jugaba a tu favor y la conclusión era que empezar pronto sale barato. Aquí es la misma fuerza, la misma fórmula y el mismo gráfico, con el signo cambiado.
Y por eso la conclusión también se invierte: aquí lo que sale barato es acabar pronto.